Trastorno de la Lectura (DISLEXIA)
En este post nos referiremos exclusivamente a la dislexia y no a las diversas dificultades
ante las cuales se puede enfrentar un niño para aprender a leer a lo largo de su vida escolar.
En una primera parte, se analiza la definición de dislexia, detallando las particularidades y los sustratos neurobiológicos propios de este trastorno. Lo anterior lo utilizamos de base para posteriormente caracterizar el diagnóstico, la evaluación y las estrategias de intervención.
En una primera parte, se analiza la definición de dislexia, detallando las particularidades y los sustratos neurobiológicos propios de este trastorno. Lo anterior lo utilizamos de base para posteriormente caracterizar el diagnóstico, la evaluación y las estrategias de intervención.
Definicion
Los términos dislexia y trastorno del aprendizaje de la lectura son sinónimos. Algunos autores
actuales descartan el uso del término dislexia, a favor de trastorno en la lectura, para no crear
confusiones debido a que hace algunos años se asociaba la dislexia con zurdera, inversiones
de letras al escribir y una confusión derecha-izquierda, asociaciones que se sabe no son completamente
ciertas y que además enmascaran el verdadero problema que subyace a este
trastorno específico en el aprendizaje.
Orton enfatizó la prevalencia de zurdera en niños con trastornos en el aprendizaje
de la lectoescritura, y la existencia frecuente de una lateralidad mixta. Supuso entonces que el trastorno se debía a la falta de una adecuada dominancia cerebral para el lenguaje.
En la década de los 70 del siglo XX, el diagnóstico de la dislexia y los programas específicos de intervención tienen un gran auge. En esa década, la definición propuesta por la Federación Mundial de Neurología fue la que dio un estatus clínico a la dislexia. En esta definición se señala que:
“la dislexia es un trastorno que se manifiesta por dificultades para aprender a leer, a
pesar de una instrucción convencional, inteligencia adecuada, y oportunidad sociocultural. Depende de dificultades cognitivas fundamentales que frecuentemente son de origen constitucional” (Critchley, 1985).
De ella se han retenido tres puntos: las características socioculturales y escolares no son responsables de la dislexia; existen dificultades cognitivas específicas que afectan el aprendizaje de la lectura, y el origen es de tipo biológico. Estas características se especifican y particularizan en la definición actual propuesta por la International Dyslexia Association, y en ella también se precisa las características del problema de lectura:
“La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje cuyo origen es neurobiológico. Se caracteriza por dificultades en la precisión y/o fluidez en el reconocimiento de las palabras y pobres habilidades ortográficas y de decodificación. Estas dificultades típicamente resultan de un déficit en el componente fonológico del lenguaje que con frecuencia es inesperado en relación a otras habilidades cognitivas y a la instrucción escolar recibida.
Dentro de las consecuencias secundarias se incluyen problemas en la comprensión
lectora y una experiencia en la lectura reducida que limitan el crecimiento del vocabulario y el manejo de información” (Lyon, Shaywitz y Shaywitz, 2003).
Este trastorno en el aprendizaje requiere ser atendido de manera específica, ya que de lo contrario, el niño que lo presenta tiene gran probabilidad de fracasar en la escuela bien sea repitiendo grados, desertando o, por lo menos, transitando por la escuela con dificultad.
de la lectoescritura, y la existencia frecuente de una lateralidad mixta. Supuso entonces que el trastorno se debía a la falta de una adecuada dominancia cerebral para el lenguaje.
En la década de los 70 del siglo XX, el diagnóstico de la dislexia y los programas específicos de intervención tienen un gran auge. En esa década, la definición propuesta por la Federación Mundial de Neurología fue la que dio un estatus clínico a la dislexia. En esta definición se señala que:
“la dislexia es un trastorno que se manifiesta por dificultades para aprender a leer, a
pesar de una instrucción convencional, inteligencia adecuada, y oportunidad sociocultural. Depende de dificultades cognitivas fundamentales que frecuentemente son de origen constitucional” (Critchley, 1985).
De ella se han retenido tres puntos: las características socioculturales y escolares no son responsables de la dislexia; existen dificultades cognitivas específicas que afectan el aprendizaje de la lectura, y el origen es de tipo biológico. Estas características se especifican y particularizan en la definición actual propuesta por la International Dyslexia Association, y en ella también se precisa las características del problema de lectura:
“La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje cuyo origen es neurobiológico. Se caracteriza por dificultades en la precisión y/o fluidez en el reconocimiento de las palabras y pobres habilidades ortográficas y de decodificación. Estas dificultades típicamente resultan de un déficit en el componente fonológico del lenguaje que con frecuencia es inesperado en relación a otras habilidades cognitivas y a la instrucción escolar recibida.
Dentro de las consecuencias secundarias se incluyen problemas en la comprensión
lectora y una experiencia en la lectura reducida que limitan el crecimiento del vocabulario y el manejo de información” (Lyon, Shaywitz y Shaywitz, 2003).
Este trastorno en el aprendizaje requiere ser atendido de manera específica, ya que de lo contrario, el niño que lo presenta tiene gran probabilidad de fracasar en la escuela bien sea repitiendo grados, desertando o, por lo menos, transitando por la escuela con dificultad.
Etiología
Existen datos que apoyan la existencia de factores genéticos en la dislexia (Lubs y cols., 1993; Olson y cols., 1990, Vogler, DeFries y Decker, 1985). De hecho, se considera que la historia familiar de dislexia es el factor de riesgo más importante para presentarla y se ha demostrado la existencia de líneas familiares a través de diversos estudios. En un estudio conducido en éxico
se encontró que entre 35 y 40% de los familiares de primer grado de los niños disléxicos también se encuentran afectados y que cerca del 30% de las familias en las que se ha diagnosticado a un disléxico presentan al menos otro miembro afectado (Matute y cols., 1996).
Los factores genéticos son variaciones de diversos genes que al actuar de manera concertada producen el fenotipo de la dislexia. A esto se le llama herencia poligénica. Se ha señalado la existencia de nueve loci de alelos de riesgo influenciando la dislexia en los cromosomas 2p, 3pq, 6p, 15q, 6p, 15q y 18p, además, de hallazgos sugerentes de loci en los cromosomas 1p, 21q, y Xq. (Fisher y DeFries, 2002). A estos loci se les llama DYX1 a DYX9 de acuerdo al orden en el que fueron descubiertos. El más frecuente es el DYX2 ubicado en el brazo corto o “p” del cromosoma 6 en la banda 22 (6p22) (Shaywitz y cols. 2009). Más recientemente, Meng y colaboradores (2005) reportaron la asociación del gen DCDC2 codificado en 6p22 con diversos fenotipos relacionados con la lectura sugiriendo un efecto específico de este gen en el desempeño lector.
Sin embargo, esto no descarta la existencia de otros factores en la base de la aparición de este trastorno. DeFries y colaboradores (1991) señalan que entre el 44 y 75% de la varianza de la dislexia es explicada por factores genéticos y el resto por factores, exógenos. Entre los factores exógenos destacan la presencia de complicaciones pre y perinatales (Kawi y Pasamanick, 1958), infecciones virales durante las primeras etapas de la vida intrauterina, alteraciones hormonales; por ejemplo, Inozemtseva, Matute, Juárez (2008) encontraron mayor incidencia de dislexia en niñas con hiperplasia adrenal congénita. También se ha referido la asociación de dislexia y daño temprano al sistema nervioso; por ejemplo, Schachter, Galaburda y Ransil (1993) reportaron que el trastorno en la lectura es más frecuente en niños epilépticos.
Existen datos que apoyan la existencia de factores genéticos en la dislexia (Lubs y cols., 1993; Olson y cols., 1990, Vogler, DeFries y Decker, 1985). De hecho, se considera que la historia familiar de dislexia es el factor de riesgo más importante para presentarla y se ha demostrado la existencia de líneas familiares a través de diversos estudios. En un estudio conducido en éxico
se encontró que entre 35 y 40% de los familiares de primer grado de los niños disléxicos también se encuentran afectados y que cerca del 30% de las familias en las que se ha diagnosticado a un disléxico presentan al menos otro miembro afectado (Matute y cols., 1996).
Los factores genéticos son variaciones de diversos genes que al actuar de manera concertada producen el fenotipo de la dislexia. A esto se le llama herencia poligénica. Se ha señalado la existencia de nueve loci de alelos de riesgo influenciando la dislexia en los cromosomas 2p, 3pq, 6p, 15q, 6p, 15q y 18p, además, de hallazgos sugerentes de loci en los cromosomas 1p, 21q, y Xq. (Fisher y DeFries, 2002). A estos loci se les llama DYX1 a DYX9 de acuerdo al orden en el que fueron descubiertos. El más frecuente es el DYX2 ubicado en el brazo corto o “p” del cromosoma 6 en la banda 22 (6p22) (Shaywitz y cols. 2009). Más recientemente, Meng y colaboradores (2005) reportaron la asociación del gen DCDC2 codificado en 6p22 con diversos fenotipos relacionados con la lectura sugiriendo un efecto específico de este gen en el desempeño lector.
Sin embargo, esto no descarta la existencia de otros factores en la base de la aparición de este trastorno. DeFries y colaboradores (1991) señalan que entre el 44 y 75% de la varianza de la dislexia es explicada por factores genéticos y el resto por factores, exógenos. Entre los factores exógenos destacan la presencia de complicaciones pre y perinatales (Kawi y Pasamanick, 1958), infecciones virales durante las primeras etapas de la vida intrauterina, alteraciones hormonales; por ejemplo, Inozemtseva, Matute, Juárez (2008) encontraron mayor incidencia de dislexia en niñas con hiperplasia adrenal congénita. También se ha referido la asociación de dislexia y daño temprano al sistema nervioso; por ejemplo, Schachter, Galaburda y Ransil (1993) reportaron que el trastorno en la lectura es más frecuente en niños epilépticos.
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